SIN ÁNIMO DE ENTRAR en disputas del pasado, es difícil
encontrar explicaciones más o menos comprensibles de la actual problemática del
principal cultivo de las Islas. A diferencia de otros períodos del año, no se
produce en este momento la concurrencia del plátano con las tradicionales
frutas de estación, como las fresas, naranjas, etc., es decir, que nuestra
fruta es la más barata en los mercados peninsulares.
Hasta ahora, desde
Asprocan y otras instancias nos han insistido en que el problema radicaba en el
desplazamiento de la producción del invierno al verano y que la solución más
factible y adecuada consistía en aplicar "la barreta" (deshijadora),
es decir, arrancar las matas tardías y dejar las tempranas. Logrando con ello
adelantar una parte importante de la producción para colocarla en los meses
invernales. Sin embargo, la realidad ha contrarrestado esta tesis. Los
agricultores que han desplazado la producción del verano a este invierno, en
busca de mejorar sus ingresos, se han topado con una desagradable sorpresa,
manifestada en forma de bajos precios. Para ello no existe una justificación
coherente, si tenemos en cuenta que con 8 ó 10 millones de kilos semanales y
con un escenario - como el descrito con anterioridad - no hay razones
suficientes para justificar este progresivo hundimiento.
Informaciones solventes remiten esta especial coyuntura negativa a una
"guerra" de precios entre entidades exportadoras canarias para ganar
cuotas de mercado en las grandes superficies de la Península. Ello explicaría
cómo este año se ha adelantado la tradicional caída estival de los precios de
la fruta. Hay otras causas secundarias que se añaden, y a las que ya nos hemos referido
en anteriores artículos, como son - entre otras - la falta de voluntad y de
capacidad de intentar ganar nuevos mercados en el continente europeo para
colocar cuando menos un 10 por ciento del exceso productivo. La pregunta que se
nos viene con rapidez a la mente es por qué no dedicar una parte digna de esos
600 millones de pesetas que destina Asprocan a la lucha contra las natillas, a
explorar mercados donde el plátano se cotiza al doble de precio que en la
Península; por qué no tratar de convencer a los europeos de que nuestro
plátano, en especial la pequeña enana, tiene valores que lo hacen merecedor de
un puesto destacado en su cesta de la compra; por qué no hablar de los valores
ecológicos, ambientales y sociales de producciones plataneras en Islas como La
Gomera y La Palma en sociedades mucho más concienciadas - en estos términos -
que la propia sociedad española. En definitiva, por qué no elegir caminos de
futuro para un cultivo fundamental en amplias capas de la sociedad canaria y en
Islas enteras y que - con toda probabilidad - morirá el día que desaparezca la
subvención europea; por qué no buscar el riesgo de equivocarnos en promocionar
en lugares que no conocemos, en vez de ser conservadores e invertir todos los
recursos publicitarios en más de lo mismo.
Estas preguntas quedarán sin respuesta un año más. Un año en el que veremos
divertidos spots que destacan la naturalidad de la fruta sobre las natillas y
los flanes. Un año más perdido en la cuenta atrás de un cultivo que se muere no
por falta de recursos ni de esfuerzos de los agricultores, sino por la falta de
ideas de los dirigentes plataneros y por su empecinamiento en consolidar un
reino de taifas locales. La unión de todos debería ser un rasgo inconfundible
de este sector y la realidad muestra justamente lo contrario. Resulta
inexplicable cuando menos que ante esta nueva crisis nadie se haya molestado en
convocar una reunión de los implicados que permita sacar de la atonía reinante
- salvo clamorosas excepciones - la dinámica de este cultivo.
Mucho me temo que este discurso es de nuevo clamar en el desierto, pero no por
ello es menos necesario trasladar a la sociedad la dinámica actual del plátano
en el Archipiélago. Las soluciones para sus problemas no están, como solemos
pensar habitualmente, en Bruselas, sino que se encuentran puertas adentro de
esta comunidad. Tenemos que pensar más y mejor, organizarnos, unirnos, explorar
e invertir en nuevos mercados, arriesgarnos, equivocarnos, aprender de los
errores, mejorar, cuidar y valorar aún más lo nuestro, lo pequeño y lo
artesano, sostener mejores y más eficientes relaciones con los maduradores
peninsulares y extranjeros. O bien los días del plátano.
Wladimiro
Rodríguez Brito es DOCTOR EN GEOGRAFÍA
EL DIA, 31 de Marzo 2002
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